Director General: Juan Edy Pintor

Vida diaria / La solidaridad y los desalmados…


No hay palabras para describir la desesperación y miedo de quienes sintieron el sismo registrado el pasado martes en diferentes partes del país, sobre todo en la CDXM que fue muy dañada y crece ese sentimiento por ser la urbe más poblada del país.

Menos hay palabras, ni parámetros, para medir el nivel de dolor que están sintiendo quienes perdieron a un ser querido o en este momento están con la desesperación e impotencia por no encontrar a sus familiares.

No, no hay palabras ni siquiera para brindar consuelo porque ante una gran desgracia no hay nada que de sosiego, lo único que podemos pedir es que DIOS les de fortaleza.

Como fortaleza es lo que se pide tengamos todos los mexicanos para estar de pie y dar la mano a quienes lo necesitan, nuestros hermanos en desgracia lo requieren.

Entre tanto dolor vale destacar la solidaridad de los mexicanos de bien, a quienes les duele el dolor ajeno y están prestos ayudar no solo en nuestro país, también quienes viven en el extranjero que se organizaron para mandar ayuda.

En los medios de comunicación nacional y redes sociales vimos que los cuerpos de auxilio rápidamente se movilizaron para atender las zonas siniestradas por el sismo.

Igual destacan los ciudadanos que participaron en las acciones de rescate, como podían y con lo que tenían a su alcance, que grupos de jóvenes se apresuraron a brindar ayuda, incluso arriesgando su propia integridad para salvar vidas y eso señores, no tiene precio, habla del gran país que somos, de la grandeza de su gente que ante las adversidades saca la casta y actúa solidariamente.

Sin duda alguna la solidaridad de los mexicanos es grande, cuando no se tiene dinero para aportar se tiene voluntad para colaborar en las acciones, en las acciones de rescate y colectas, las cadenas de manos amigas harán fuerte a este país, que hoy nos necesita a todos unidos como hermanos, hijos de la misma patria.

Para tristeza nuestra no es lo único que destaca, lamentablemente nuestro país no escapa de contar con gente desalmada, de esos que hijos del infierno en lugar de esta noble patria, esos que hacen de las desgracias su oportunidad para delinquir, esos no tienen perdón de DIOS.

Así como no hay palabras para describir la tristeza y dolor de la gente que sufrió en carne propia el sismo,  o para darle las gracias a todos los mexicanos que colaboran en acciones de rescate o que de una manera u otra se aprestaron para ayudar, tampoco hay calificativos, ni nombre, para las personas que lejos de apoyar están aprovechando el momento para robar y asustar, aún más, a los afectados.

Notas nacionales dan cuenta que en la CDMX se han registrado actos de rapiña, hogares saqueados y hasta niñas desaparecidas, que hay muchos vivales que se identifican como gente de auxilio y al ingresar a las casas secuestran y roban.

Esos desalmados que no sienten el dolor de nuestra gente, que lucran con la desgracia, desesperación y tristeza de los afectados, ojala tengan poquita conciencia y entiendan que tarde que temprano la vida les puede cobrar las facturas, que lo que muchos vivieron ellos también lo pueden vivir.

Vale resaltar el gran valor de quienes por humanidad  trabajan en las acciones de rescate, que las autoridades se olvidaron de asuntos políticos y respetuosamente trabajaron en conjunto, la valía de los jóvenes voluntarios y la gran solidaridad del pueblo mexicano que se apresta para ayudar a sus hermanos en desgracia.

Lo que no se vale es que ante el desastre aparezcan las ratas, los vivales, personajes desalmados que aprovechen la desgracia para hacer de las suyas.

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